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"Andrés dejó todo en el fútbol"
"Andrés Escobar, encierra muchos valores muy difíciles de encontrar todos juntos en un mismo ser. La fama de caballero no era solo dentro de una cancha de futbol. También lo era en su casa, en los entrenamientos, en las concentraciones, en la calle, en los centros comerciales, en las discotecas, en fin. Era un ser humano integral. Su niñez estuvo rodeada de un ambiente sano y donde sus padres le inculcaron valores como el respeto, la honestidad, la sinceridad y la lealtad. Era hijo de una familia si bien no de muchos recursos, si tenían la posibilidad de darle ciertos privilegios. Por eso estudio en uno de los colegios más reconocidos y tradicionales de Medellín. El Calasanz. Allí lo recuerdan como un personaje bastante amante del futbol. Varias veces cuando llamaban a lista en su salón de clases y no estaba, ya sabían donde encontrarlo. Estaba “colado” en una clase de educación física de otro grupo, solo para jugar futbol. Eso sí, era muy miedoso. Una anécdota ocurrió durante un partido que jugó la selección de su colegio contra las divisiones infantiles del Nacional. Andrés le hizo un “túnel” y se puso a reírse a carcajadas, eso no le gusto al otro muchacho del Nacional y se fue a pegarle. Como todos los amigos querían tanto a Escobar se metieron a defenderlo. El caso es que se armó una gresca maluca entre todos. Y Andrés pese a su contextura, era muy alto, se escondió detrás de unos árboles. Un detalle; Andrés siempre quiso ser delantero. Pero por una recomendación que le hizo su entonces profesor de educación física, el “Piscis” Restrepo, pasó a ser defensa. Andrés siempre tuvo como ejemplo a seguir a su hermano Santiago, El Sachi. Cuando Andrés estaba muy pelado ya el Sachi jugaba profesional. De ahí comenzó a ver como su hermano salía en TV. Le gustó la disciplina, el amor por el deporte. Por eso comenzó a pedirle que lo llevara a los entrenamientos. Cuando lo dejaron jugar, Andrés demostró capacidad para ser tenido en cuenta y finalmente logro que lo engancharan y lo metieran al equipo. Andrés más que un jugador de Nacional, era un hincha del verde. Tanto que cuando se fue a jugar a Suiza, se aburrió porque le faltaba todo lo del Nacional. Sus compañeros de equipo, sus técnicos reconocían en él un personaje simpático que le quitaba el tedio a las concentraciones. Sus chistes, sus chanzas siempre le daban un toque mágico. Andrés dejó un gran legado en los futbolistas y en las personas amantes del futbol. Dejó un mensaje de respeto, de tolerancia y de amor a la camiseta sin sobrepasar a los límites de la violencia. Era un hombre que manejaba muy bien su temperamento, no se dejaba provocar y tampoco era un jugador “pata brava”. El jugador de futbol era uno antes de Andrés y otro después de él. La profesión se dignificó, se le dio un estatus especial, en donde se le reconocía que más que un hombre dándole patadas al balón era un ser humano que sentía, que vivía y que merecía un trato justo. |
Por Carlos Vargas Carvajal- Manizales